Que nuestros
colores
lleguen lejos.
Una pequeña historia sobre la artesanía mexicana y todo lo que todavía podemos compartir con el mundo.
Muchísimo antes de que existieran las marcas, las tiendas o las etiquetas que dicen Hecho en México, ya había personas transformando materiales en objetos extraordinarios.
Barro, fibras, madera, piedra, metales, pigmentos.
Con ellos se hacían herramientas, recipientes, textiles, adornos y objetos ceremoniales.
Y aunque las técnicas, los materiales y las formas han cambiado a lo largo de los siglos, algo sigue siendo profundamente nuestro:
La capacidad de convertir lo cotidiano en algo hermoso.
01 / Un país de muchísimas manos
Hablar de artesanía mexicana es hablar de una diversidad casi imposible de resumir.
De la alfarería de Oaxaca y Puebla.
De los textiles de Chiapas.
De los bordados de Hidalgo.
De la cerámica de Michoacán.
De la platería de Taxco.
Y de cientos de expresiones más, cada una con sus propias historias, técnicas y comunidades.
Porque no existe una sola artesanía mexicana.
Existen muchísimas.
Algunas conservan conocimientos transmitidos durante generaciones. Otras mezclan técnicas antiguas con ideas contemporáneas. Muchas siguen transformándose todos los días.
Y eso es parte de lo que las hace tan especiales.
Nuestra riqueza artesanal no está solamente en lo que hemos conservado, sino también en todo lo que seguimos imaginando.
02 / Los colores que nos pertenecen a todos
Hay algo en México que siempre nos ha fascinado.
Nuestra relación con el color.
Los mercados.
Las fachadas.
Las flores.
Los textiles.
Los objetos que encontramos en las casas.
Parece que aquí el color nunca ha necesitado pedir permiso.
Y aunque cada región tiene sus propias expresiones y significados, esa diversidad cromática es una de las cosas que más nos gusta celebrar de nuestro país.
En Nuve encontramos mucha inspiración en ella.
Trabajamos con plata .925 y bordamos nuestras piezas a mano utilizando hilos de colores.
No pretendemos representar toda la tradición artesanal mexicana.
Sería imposible.
Pero sí nos emociona sentirnos parte de un país donde crear con las manos, experimentar con los materiales y jugar con el color tiene una historia tan abundante.

Un color.
Una idea.
Una manera de trabajar.
03 / Que el mundo también las conozca
Durante generaciones, las artesanías mexicanas han viajado mucho más allá de nuestras fronteras.
Y nos encanta pensar en lo que sucede cuando una pieza hecha aquí llega a otro lugar.
Cuando alguien descubre una técnica que nunca había visto.
Cuando un objeto despierta curiosidad por las manos que lo hicieron.
Cuando algo pequeño se convierte en una conversación sobre México.
Porque compartir nuestra artesanía con el mundo no significa dejar atrás nuestras raíces.
También puede ser una manera de darles nuevos caminos.
Por eso, últimamente, en Nuve estamos trabajando activamente para que nuestra joyería artesanal mexicana llegue a más personas en Estados Unidos.
Estamos aprendiendo sobre envíos internacionales, mejorando nuestra tienda y encontrando nuevas formas de compartir lo que hacemos.
Todavía es un camino que apenas estamos construyendo.
Pero nos emociona muchísimo imaginar nuestras piezas viajando, encontrando nuevas personas y formando parte de historias que comienzan lejos de nuestro taller.
04 / Un pedacito de aquí
Sabemos que una joya no puede contar toda la historia de un país.
Ni falta que hace.
Pero puede llevar algo de él.
Un color.
Una idea.
Una manera de trabajar.
La sensibilidad de alguien que eligió hacer algo con sus manos.
Y quizá eso sea lo que más nos emociona de empezar a cruzar fronteras.
No solamente vender joyería en otros países.
Sino saber que algo que imaginamos y creamos aquí puede encontrar un lugar especial en la vida de alguien que está allá.